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Hay algo que debería preocupar mucho más a los propietarios y directores de los medios de comunicación: algunos de sus mejores periodistas están abandonando las redacciones. Y lo verdaderamente inquietante es que muchos no se marchan exclusivamente por dinero. Se van porque han dejado de encontrar en sus empresas las razones profesionales que un día les llevaron a elegir el periodismo.

Durante años hemos explicado esta fuga de talento por los bajos salarios, la precariedad laboral o las mejores condiciones que ofrecen la comunicación corporativa, las instituciones y las grandes empresas. Todo eso es cierto. Pero sería demasiado cómodo reducir el problema a una cuestión económica. Hay periodistas que se marcharían menos fácilmente si sintieran que su criterio importa, que su experiencia se valora y que su trabajo tiene un propósito que va más allá de alimentar una página web.

Las redacciones han experimentado una transformación extraordinaria. Hoy se produce más información, con menos tiempo y, en demasiadas ocasiones, con menos recursos. Los periodistas deben escribir, grabar, editar, publicar, actualizar y competir por la atención de unas audiencias cada vez más fragmentadas. Sin embargo, en esa carrera por la productividad estamos corriendo el riesgo de olvidar algo esencial: el valor de un periodista no debería medirse únicamente por la cantidad de contenidos que produce, sino por la calidad de la información que es capaz de conseguir.

Me preocupa especialmente la pérdida de profesionales experimentados. Periodistas que conocen las instituciones, que han construido durante décadas una agenda de fuentes, que saben distinguir una noticia importante de una declaración irrelevante y que poseen algo que ninguna herramienta tecnológica puede fabricar de inmediato: criterio periodístico. Cuando uno de esos profesionales abandona una redacción, la empresa no pierde solamente un salario de su nómina. Pierde conocimiento, relaciones, memoria y una parte de su credibilidad.

Pero tampoco podemos ignorar lo que sucede con los más jóvenes. Muchos llegan a las redacciones con preparación, entusiasmo y una enorme capacidad de adaptación tecnológica. Y descubren que apenas tienen tiempo para aprender, que sus posibilidades de promoción son limitadas y que el periodismo que imaginaron se parece poco al trabajo que realizan cada día.

Las empresas periodísticas debemos preguntarnos si estamos gestionando periodistas o simplemente administrando productores de contenidos. Porque son dos cosas muy diferentes. Una redacción necesita objetivos económicos, organización y eficiencia, pero también liderazgo editorial, reconocimiento profesional, oportunidades de crecimiento y directores capaces de escuchar y enseñar.

Como presidente del Consejo Editorial de Prensamedia, estoy convencido de que el futuro de nuestras empresas no dependerá únicamente de la inteligencia artificial, de los nuevos modelos de suscripción o de nuestra capacidad para conquistar audiencias. Dependerá también de algo mucho más elemental: conseguir que los buenos periodistas quieran seguir siendo periodistas dentro de nuestros medios.

Quizá la pregunta que deberíamos hacernos los editores no sea por qué se marchan nuestros mejores profesionales, sino qué estamos haciendo para que quieran quedarse.

Y me gustaría conocer la opinión de quienes trabajan en las redacciones: ¿qué pesa más a la hora de abandonar un medio, el salario o la pérdida de ilusión profesional?

 

 

Por Jesús González Mateos

Presidente del Consejo Editorial del grupo Prensamedia, presidente de EditoRed, Asociación de Editores de Medios de Comunicación de la Unión Europea.

Autor: admin