A LAS 11.46 DE ESTE VIERNES, ARGENTINA INGRESÓ AL OTOÑO 2026
El equinoccio funciona como una bisagra natural que ordena el ritmo del año y establece un equilibrio particular entre la luz y la oscuridad.
En Argentina, el ingreso al otoño no sucederá el 21 de marzo como creemos. La segunda estación del año ya empezó: ya que este viernes 20 de marzo a las 11:46 de la mañana, el ciclo estacional cambió de forma formal y dio inicio a un período que se extenderá hasta el 21 de junio, cuando se dará inicio al invierno.
Qué es el equinoccio
El equinoccio se produce cuando el Sol se ubica de manera perpendicular sobre la línea del ecuador terrestre. Esa posición genera un efecto claro: ambos hemisferios reciben la misma cantidad de luz solar. Como consecuencia, la duración del día y de la noche resulta casi idéntica en todo el planeta.

Con la llegada del otoño, disminuye la cantidad de luz diaria y comienzan a descender las temperaturas en gran parte del país.
Sebastián Fariña Petersen
Este equilibrio no implica una quietud absoluta, sino un instante dentro de un movimiento constante. La Tierra sigue su órbita y su inclinación, pero en ese punto específico se alcanza una distribución pareja de la luz. La igualdad entre el día y la noche es el rasgo más distintivo de este fenómeno, y por eso el término “equinoccio” remite justamente a esa equivalencia.
A partir de ese momento, en el hemisferio sur los días comienzan a acortarse de forma progresiva, mientras que las noches ganan terreno. Es un cambio gradual, pero sostenido, que se percibe con claridad en las semanas siguientes.
Qué cambia con la llegada del otoño
El impacto del equinoccio no se limita a lo astronómico. También marca transformaciones en el clima y en la vida cotidiana. Las temperaturas tienden a descender, las jornadas pierden horas de luz y el entorno natural inicia una transición visible.
En muchas regiones, las hojas de los árboles modifican su color y anticipan la caída. Ese proceso forma parte de un ajuste biológico que responde a la menor cantidad de luz solar disponible. El paisaje se transforma como reflejo directo de un cambio en la energía que recibe el planeta.
En paralelo, las rutinas también se adaptan. Las mañanas se vuelven más frescas, las tardes se acortan y el ritmo general se desacelera respecto del verano. El equinoccio, en ese sentido, no solo define una fecha, sino que introduce un clima distinto en múltiples niveles.
Equinoccio y solsticio: dos momentos distintos
Aunque ambos marcan cambios de estación, el equinoccio y el solsticio responden a configuraciones diferentes. El primero ocurre cuando el Sol se alinea con el ecuador terrestre. El segundo, en cambio, se produce cuando el astro alcanza su mayor inclinación hacia el norte o hacia el sur.

Sebastián Fariña Petersen
Esa diferencia genera efectos opuestos. Durante los solsticios se registran los extremos de luz: el día más largo en verano y el más corto en invierno. En el equinoccio, en cambio, se alcanza un punto intermedio. No hay predominio de la luz ni de la oscuridad, sino un equilibrio transitorio.
Este fenómeno sucede dos veces al año. En marzo marca el inicio del otoño en el hemisferio sur y de la primavera en el hemisferio norte. Meses después, en septiembre, la situación se invierte. Así, el equinoccio se convierte en una referencia clave dentro del calendario astronómico.
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