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Se cumplió el 27º aniversario de la desaparición física de Monseñor Gerardo Sueldo, a quien muchos recuerdan como «El Profeta de la Libertad». Su figura, caracterizada por un compromiso incansable con la justicia social y la defensa de los derechos humanos, sigue siendo un faro de inspiración en la provincia.

Monseñor Sueldo tenía 62 años cuando falleció en la madrugada del 4 de septiembre de 1998, al volcar el automóvil que conducía por la ruta, en la localidad de San Marcos, a 5 kilómetros de la capital de Santiago del Estero. Regresaba de Salta, donde había asistido a la toma de posesión de Mario Cargnello  como arzobispo de esa circunscripción eclesiástica,.

Había nacido en Rosario, Santa Fe, el 21 de agosto de 1936. Su familia se trasladó a Belén, Catamarca, cuando él era un niño, y en ese lugar fue donde creció. Habiendo sido ordenado sacerdote el 9 de julio de 1961, en abril de 1982 fue designado por el Papa san Juan Pablo II obispo de Orán (Salta), hasta que el 15 de mayo de 1993 fue trasladado a Santiago del Estero como obispo coadjutor, pasando luego a ser obispo titular de esa diócesis.

Como pastor, vivió el Evangelio con toda firmeza y fue considerado como “la voz de los que no tienen voz”.+

​Su legado más poderoso se resume en sus propias palabras, un llamado a la acción que resuena con una fuerza inquebrantable hasta el día de hoy. En la clausura de la X Semana Diocesana de Pastoral, el 9 de noviembre de 1997, poco antes de su fallecimiento, Sueldo dejó una reflexión final que se convirtió en su testamento espiritual.

​El mensaje era claro y directo: un desafío a la inmovilidad y al temor. «No tengan miedo en señalar al corrupto y podrido de nuestra sociedad y tengan la valentía del Espíritu, en transformarlo en sano y transparente», exhortaba Monseñor Sueldo, instando a los santiagueños a ser agentes de cambio.

​En su última reflexión, hizo un llamado a recuperar la dignidad perdida: «Levántense, caminen erguidos por la vida, dándola por otros y conquisten de una vez la libertad, para recuperar la dignidad». Este fue un grito de guerra contra las ataduras del miedo y la resignación.

«¡Rompan las cadenas del miedo, santiagueños!» fue la frase con la que selló su legado. A 27 años de su partida, estas palabras cobran una relevancia especial, recordándonos la importancia de la valentía, la transparencia y la lucha por una sociedad más justa. Su recuerdo sigue vivo en el corazón de aquellos que lo vieron como un líder, un pastor y un profeta.

 

Autor: admin