Miguel Rohrer , la pieza clave en saber que sucedio con Nora Dalmaso
“El Francés”, lo llamaron los diarios, un apodo que él niega. Como si el supuesto alias le pudiera aportar un toque extra de atracción. Y lo describieron como un poderoso empresario agropecuario, amante de las fiestas, activo protagonista de la vida social de Río Cuarto. Enseguida, se convirtió en uno de los presuntos sospechosos del crimen de Nora Dalmasso, del que el viernes 25 se cumplieron seis meses, por su amistad con el marido de la víctima, el médico traumatólogo Marcelo Macarrón. Contrató a un respetado estudio jurídico para querellar a los medios que lo acusaron sin fundamentos y hasta ahora guardó silencio.
“Es realmente violento verte involucrado en algo tan fuera de lugar y de lo que es tu vida”, dice Miguel Rohrer, 51 años, gerente general de Del Monte Fresh Produce Argentina, filial local de una de las exportadoras de frutas más grandes del mundo. Además, explota los campos que heredó de su familia, situados en los alrededores de Río Cuarto, ciudad a la que se fue a vivir a mediados de la década del 80, después de haber vivido durante años en Adrogué.
Después de varias semanas sin novedades, el caso volvió a reactivarse, cuando el fiscal Javier Di Santo anunció en una rueda de prensa que el Ceprocor, un laboratorio de Córdoba, había logrado identificar el perfil genético de un hombre que habría estado en la escena del crimen y decretó el secreto de sumario. “Estamos analizando pedir que se prorrogue el secreto por otros diez días”, dijo el responsable de la instrucción de la causa. “Está en pleno proceso de investigación”, completó el fiscal general de Córdoba, Darío Vezzaro.
“Esa semana hubo un fuerte paro agropecuario. La noticia de la muerte de Nora tapó tres días del paro”, afirma Rohrer, en un intento por buscar una explicación a la atención que generó el caso y a que su nombre apareciera mencionado en los medios de prensa. Admite que fue uno de los 70 hombres investigados, en una causa en la que aparecen más de doscientos testigos. Su única declaración en el expediente fue testimonial.
Rohrer jugó como hooker en la primera de Pucará, y cuando se trasladó a Córdoba siguió desarrollando su pasión por el rugby en Urucuré. Allí conoció a Macarrón, médico del club, en el que había jugado como tercera línea. Se hicieron amigos.
“A cualquier hora estaba disponible, enyesó a medio mundo. Tenía una predisposición increíble”, dice Rohrer de su amigo Macarrón. En 1996, durante un partido amistoso en San Juan, Rohrer se quebró la tibia y el peroné, una lesión de cuidado. “El se encargó de todo y organizó para que me operaran los mejores médicos de Córdoba. Siempre le voy a estar agradecido”, asegura. Compartieron viajes y giras por Europa y Sudáfrica.
Después de vivir casi doce años en Córdoba, Rohrer regresó en 1999 a Buenos Aires y se instaló en San Isidro, donde sus hijos continuaron el en SIC con la tradición familiar de practicar deportes. “Tengo amigos en todos lados. Obviamente, a la gente que antes veía todas las semanas ahora las veía un par de veces por año. Con Macarrón nos seguimos viendo”, explica Rohrer, quien siguió viajando a Río Cuarto para seguir de cerca sus negocios.
—¿Usted era amigo de Nora?
—Yo soy amigo de él. Igual nuestras mujeres se conocían, por supuesto.
—Dijeron que ustedes eran amantes.
—Yo no fui su amante. También dijeron que hacíamos fiestas swinger. Una locura.
—¿Y no hacían esas fiestas?
—Pero no, mi mujer es una tana típica. Es la mujer más celosa del mundo.
Coartada. El viernes 25 de noviembre, cuando Nora Dalmasso fue asesinada en su casa del barrio cerrado Villa Golf, en las afueras de Río Cuarto, Rohrer asegura que estuvo en Buenos Aires. Recita su agenda de ese día, en el que mantuvo varias reuniones. A la mañana en las oficinas de su empresa, por la tarde en Pilar, con siete socios de Ellerstina, el club de polo. A la noche estuvo en su casa, donde la muchacha le preparó milanesas. A la mañana siguiente, temprano, estuvo en el SIC, donde su hija, jugadora de hockey, participaba de un torneo de fútbol femenino, una costumbre que se repite todos los años, cuando se termina la temporada.
Se enteraron de la muerte de Nora el domingo y con su esposa viajaron a Río Cuarto, para asistir al velatorio. El lunes, por pedido de Macarrón, viajó a Buenos Aires a buscar a Valentina, la hija del matrimonio que estaba en Estados Unidos cuando su mamá fue asesinada.
Después del homicidio, habló varias veces con Macarrón y lo invitó a cenar a su casa, junto con otros cinco matrimonios. “Dicen que tomamos champán. Fue una cena, para acompañar a un amigo. Lloramos. No importa qué tomamos”, dice.
—Se dijo que Macarrón tenía inversiones con usted.
—No es cierto. Dijeron que yo tenía un pool de siembra y no es verdad. Macarrón invertía en otro pool de siembra, no conmigo. También dijeron que era mi testaferro. Todo mentira. También dijeron que me había ido a Jordania porque no tenía tratado de extradición.
—¿Y dónde estaba?
—Estaba en Mendoza, en un campo, revisando hacienda. Un puestero me vino a avisar que estaban diciendo cosas raras. Volví y me fui a Río Cuarto, a ver al fiscal. Me preguntó para qué había ido, que no había nada.
Rohrer cree que el caso, finalmente, va a ser esclarecido: “Están trabajando en firme. La Justicia está diciendo que se va a expedir. No creo que ahora la pifien. Pero el manoseo ya fue para todos. Espero que esto se aclare lo antes posible”.
















